Eva Violán
La cometa- Tenerife se alquila

TENERIFE SE ALQUILA

TENERIFE SE ALQUILA

Una familia compuesta por un adulto y dos menores ingresa al hogar unos 750 € al mes. Los precios de las viviendas en régimen de alquiler residencial han subido en el último año, tanto, que suponen unos 500 €/mes (en la mayoría de los casos supera esta cantidad) por una vivienda de 90 m2. Más los gastos en servicios de agua y luz que suponen unos 100 € de incremento. Esto equivale al 80% de los ingresos de una persona que además debe mantener a dos hijos y a sí mismo.

No estamos hablando de zonas turísticas, sino del norte de la isla (dejando al margen a Puerto de la Cruz, que desde hace muchos años está fuera del alcance de su población autóctona). Nos referimos a los lugares que eran, hasta hace poco, el recurso residencial: Santa Úrsula, La Orotava, Los Realejos; sus centros y periferias. Así como, por extensión, San Juan de la Rambla e Icod de los Vinos. Podemos hallar incluso en La Perdoma, La Cruz Santa, Benijos o Icod El Alto precios que se escapan, absolutamente, a la realidad de las familias; y que son la mayoría.

La pugna de estos últimos años entre los buitres y los pequeños inversores propietarios por el alquiler vacacional se ha saldado, como siempre, conque las piezas más frágiles de nuestra sociedad se rompan. No se sabe quién ganará pero sí quién pierde.

¿Dónde se supone que vamos a vivir? ¿Cómo vamos a alimentarnos? Los mensajes de auxilio proliferan en las páginas webs de anuncios, demandando viviendas que estén por debajo de los 400 €, y aunque son conscientes de que es un suicidio, pues tampoco se puede calzar, vestir, y alimentarse con los 250 € que le resten, asumen el riesgo a causa de su precariedad y la necesidad de lo más puro de sus derechos: cobijarse.

Este es el canto de una sirena a través de la noche que atrae al pescador incauto; el plan para obligar a las familias a rehipotecarse. Ahora vuelve a cobrar sentido comprar una vivienda, evidentemente, es más barato que alquilar. La estrategia es sobresaliente a la par que mezquina. Mientras los peces, desorientados, se siguen unos a otros sin saber a dónde o suponiendo que el pez de al lado sabrá.

El coste de la vida es una infamia en esta tierra que ya no es nuestra.

Quizás mi voz no llegue a ninguna parte, pues los que deberían leer se encuentran sumergidos. Bajo el agua todo es silencio excepto para escuchar tu propio lamento, tu ahogo. Asimismo, para los otros, su propio ego, su avaricia.

No están visionando una película de dos horas con desenlace infeliz. Esta es la realidad, las vidas de las personas. Ustedes asisten a un espectáculo terrible que dura ya más de diez años: Miles de familias nadando contracorriente para evitar la muerte. Ustedes, que son testigos de este hecho, están más ocupados en prometer hasta haber metido la mano en la caja. Más interesados en aplastar a su contrincante político que en salvar vidas.

Parecen necesitar que se les recuerde que: cuando se aspira a capitanear un barco, el patrón es el último que lo abandona cuando este se hunde. Un buen capitán es también socorrista. Y aquí, apesta a muerto.

Esto no es un juego de estrategia; esto no va de alientos de ánimo en una carrera ni de subir al pico más alto para buscar la foto. Es una exalación, el último hálito de alquien que también está muriendo lentamente y quien da su tierra por perdida.

Eva Violán

(Pueden ver otras opiniones en mi perfil de Facebook sobre esta misma entrada, o también navegar un poco en artículos de la categoría LA CALLE en esta misma web. Gracias a todos.)

 

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