Eva Violán

No somos nadie

Últimamente me han nacido algunos enanos que me llenan de incertidumbre ante la vida, no sé si será por la edad o por la cantidad de frases que hay en el muro de Facebook de cómo tenemos que afrontarla. No quiero lastimarles, en serio, pero me suenan a las típicas frases que se dicen en un entierro del tipo: “No somos nadie”; a veces parece que estamos como en un gran funeral y quien se ha muerto es la vida, esa tan dolorosa, que necesita frases hechas para todo tipo de ocasiones. Y lo peor de todo es que no me sé ninguna de memoria, me pasa como con los chistes, que cuando llega el momento me quedo callada y me limito a reír de los que otros cuentan. O sea, que además de incertidumbre tengo un problema de retentiva. Trato de seguir los consejos, de verdad, pero es que cuando me hacen daño me hincho a llorar, hasta ahora suponía que como todo hijo de vecino, y cuando me enfado me sale humo por las orejas, hago mis lutos y me repongo… Si llevaran todo esto al pie de la letra se convertirían en alguien como Jesús o Dalai-Lama, pero vamos, con esta personalidad que tengo, tan terrenal, lo que me sale es una gastroenteritis. Soy de esas pobres almas que siempre se preguntan el porqué de todo a pesar de que temamos la respuesta, de esas que pueden llegar a estar riéndose de un chiste estúpido dos horas, así como apoyar a los más débiles que tengo a mi alrededor de los pequeños hipócritas con aires de grandeza, nadie dice lo que piensa.

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