Eva Violán

Mi premio

A las cuatro de la mañana, depués de cambiar las sábanas de mi cama, bañar a la pequeña y ponerle un nuevo pijama; le tomé la temperatura y no tenía fiebre. Se despertó con una tos que terminó en vómito. Y con ello el consiguiente despliegue. Ya no pude dormir bien y a cada rato le pasaba la mano por la frente y me aseguraba de que respiraba con normalidad. Mientras tanto en la habitación de al lado mi otro hija seguía durmiendo.
A las siete debía levantarme para llevarla al colegio, así que también tendría que arropar a la enfermita y traerla conmigo. Ese día ya no podría ir a trabajar, dejaría la comida hecha y volvería al colegio a recoger a la niña para darle el almuerzo. De nuevo antes de las tres regresar, para luego volver a recogerla a las cinco. En este momento podría llevar a mi pequeña caja de turrón al médico e ir a comprar sus medicinas…
¿Donde encuentro un rato para tener pensamientos profundos, un evento cultural o acaso una manifestación para luchar contra la injusticia?

Cuando acabé mi retahila descubrí a mi yo adolescente mirándome fijamente, a cuadros.
-¿Esta es la vida que has elegido? ¿Pero tú eres tonta, o qué?

Hace pocos días murió Doris Lessing, la escritora inglesa que narró la “épica de la experiencia femenina”, según indicaron cuando le dieron el Premio Nobel y también logró el Príncipe de Asturias entre otros. Ella, que fue una de las escritoras más influyentes del siglo XX, dejó atrás a dos de los tres hijos que tuvo, y según explicó lo hizo porque no quería desperdiciar su intelecto en la sola labor de ser madre.
Pero cuando no duermo porque temo que mi hija respira con dificultad, no es un deber, sino un sentimiento. Y cuando se cae, no me preocupo porque esa sea mi labor, sino porque la amo.
Claro que alguna vez pensé como ella, y me sentí frustrada. Pero lo que no sabes aún querida yo adolescente, es que me hice mejor persona. Los pensamientos profundos tenían más consistencia, y supe que podría luchar contra la injusticia desde la pluma.
No cambio un Nobel, por una de estas noches sin dormir. No hay mayor premio que sus hijos para esta madre que escribe.

Eva Violán

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