Eva Violán

LA MESA SIN VISTAS

El camarero se disculpó por no tener disponible una mesa con vistas.
Me senté resignada.
Cuando la luz tropezaba en ti y salpicaba tu vaso de refresco.
Frente a tu perfil, a contraluz, comías con la parsimonia de un paisaje.
Tu educada figura masculina no sospechó que le miraba.
Mi recato trataba de no parecer indiscreto,
pero luego sonreíste
y el hoyuelo que formó tu mejilla
me dejó al descubierto.
La mesa sin vistas,
la mesa con vistas a ti
fue mi suerte.

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