Eva Violán

LA CALLE

De pronto, comencé a escuchar voces,
señora que canta, hombre que silba,
ladraba el perro.
De pronto escuché la conjuración hacia el tercero que no estaba,
a los amantes planeando huida, a los niños tarareando,
Goteaba el tejo.
A la calle le dio aquel día por contarme lo que sabía
aunque allí hiciera meses que no pasaba nadie.
Las calles solitarias tienen eso,
que cuando menos lo esperas
recuerdan tiempo atrás,
pasados serenos.
Eva Violán

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