Eva Violán

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE…

Creyéndome muerta por fin, siento aterrada que no estoy muerta.
Buscándome y buscándome en mí, me hallo.
Ya sentí.
Sentí el frío suelo en mi mejilla, y media vida derramada en rojo espeso.
Ya sentí.

Sentí que me moría, como tantas otras veces sentí.
Sentí que moverme no podía, como todas las veces sentí.
Sentí …que no sentía.

Con el alma descuerada, y el cuerpo esparcido me dejaste.
Con el miedo por mis venas subiendo.
Miedo de morir…y miedo de seguir viviendo.

¡La vida a golpes me arrancaste!.
Ya hace ya… algún tiempo.

Antes incluso, que a Dios nos llevaran, antes que lo supieran.
Antes…cuando te amaba…
tu piel rozaba a escondidas mi piel, y mi piel temblaba.
Tu voz le susurraba a mi voz, y mi voz quebraba.
Cuando tus labios en secreto me besaban, cuando te amaba…

Que aún siendo niña, mujer me hiciste.
Que me tuviste…que me di.
Manos intactas te descubrían, y como pincel mis dedos te recorrían…
la niña que en tu pecho yacía como mujer.
No sé cuando dejé de amarte, no sé.

Y creyéndome muerta por fin, siento aterrada que no estoy muerta.
Y buscándome y buscándome en mí, me hallo.
Ya sentí.
Sentí el frío suelo en mi mejilla, y media vida derramada en rojo espeso.
Ya sentí.

Sentí que me moría, como muchas veces sentí.
Sentí que moverme no podía, como muchas veces sentí.
Sentí …que aún vivía.

Y en pecado fui de blanco, y por primera vez mentí.
Esquivando las miradas, sonriendo sin reír…
Hasta que la muerte nos separe… reales palabras firmé allí.

¡Cuántas veces después de eso, tuve que mentir por ti!

Cuando contaba lo mucho que me querías, me mentía.
Cuando justificaba las heridas con caídas, a mí misma mentía.
Mentía, mentía y más mentía…
¡Cuántas veces me mentí!

Aromas de otros cuerpos, que en tu cuerpo quedaron.
Cabellos de otras mujeres, que en tu ropa olvidaron.
¡Carmines de otros labios, caricias de otras manos!
De ser mío dejaste.

Y las mentiras en tu boca, empezaron a vivir.
Acabaste con la niña, y la mujer que había en mí.

Y en mis ojos se borró la luz que les salpicaba cuando te veían.
¡Testigos de tus manos que han sido!.
Y mis besos tienen ahora la huella amarga de los tuyos.
¡Infieles!.
Y mi corazón desgarrado sale huyendo de mi pecho,
heme aquí… en la clínica de mi alma.
Y por última vez mentí.

Creyéndome muerta por fin, siento aterrada que no estoy muerta.
Buscándome y buscándome en mí, me hallo.
Ya sentí.
Sentí el frío suelo en mi mejilla, y media vida derramada en rojo espeso.
Ya sentí.

Sentí que me moría, como tantas otras veces sentí.
Sentí que no me movía, como todas las veces sentí.
Pero sentí … que no sentía.

Y abrazado, cual niño sin consuelo,
se halla mi hijo amado, a mi cuerpo ya muerto.
¡Doblemente me mataste!.

¡Te llora, te grita y te maldice!
¡Shsssss……..!
Calla hijo mío, calla….
¡Qué te quiero más que a la muerte, niño de mi vientre nacido!,
¡Qué con el amor más grande, fuiste concebido!
¡Calla, hijo del alma mía, calla!
¡Qué por fin muero, y ya no le tengo miedo!

Funeral a mi maltratada vida diste, para seguir mintiendo…
No… No quiero flores…
Junto a ti todos los días lloré,
junto a ti me marchité.
Ahora que estoy muerta,
no me regales las flores que en vida tanto añoré.

Eva Violán.

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