Eva Violán

EL SUEÑO DE GIGI

Érase una vez en un remoto pueblecito de la costa francesa, vivía una niña que siempre tenía sueño. Era un sueño elásticooooooooooooooooooooo,
de esos sueños que se pegan al cuerpo y no le dejan a uno ni abrir los ojos, así, como un chicle.

Lo cierto es que ella lo intentaba pero el sueño le perseguía desde el mismo momento en que su madre le venía a dar los buenos días. Por las mañanas al despertar, quería siempre seguir durmiendo, y no había forma de que llegará a tiempo al colegio. Arrastraba los pies hasta el baño para lavarse los dientes, y su mano lenta iba de arriba hacia abajo, sin gracia. Su madre le vestía para ahorrar tiempo… porque si ella tuviera que hacerlo no terminaría nunca.

‒Hija mía, ¿qué te pasa? ¿Por qué siempre tienes sueño?
‒No lo sé mamá, mi sueño no se queda en las sábanas como el tuyo, a mi sueño le gusto tanto que siempre quiere estar conmigo.
‒Pues habla con él seriamente y explícale que no puede venir contigo, que él debe esperar en la camita a que tú vuelvas por la noche.
‒¿Crees que no se lo he dicho mil veces? Pero luego me pone ojitos de mimo y me da pena mamá, dejarlo ahí solito todo el día ‒le decía Gigi mientras bostezaba sin parar, y los ojos abiertos lo justo para no tropezar.

Pasaban los días… las semanas y el sueño de Gigi seguía yéndose con ella todos los días.
Era un sueño, como todos los demás, durante la noche revolvía los cabellos, dejaba caer lágrimas para limpiar los ojos de los días intensos, y a veces, cuando el descanso llegaba al máximo, abría los labios un poquito y las babas hacían un caminito por un lado de la cara hasta detrás la oreja. Como ven, un sueño de lo más normal del mundo, pero el sueño de Gigi no quería quedarse solo, le daba miedo.

‒Eres un sueño estupendo ‒le animaba Gigi‒ ¿cómo va a ser que tengas miedo? Si estás lleno de mis imaginaciones, si tienes tantos amigos que me he inventado, y un mundo de fantasía entero solo para ti y para mí…
‒Pero quiero estar contigo, no es lo mismo sin ti.‒le contestó el sueño.
‒Pero si siempre estoy dormida no podré contarte lo que luego vi, y tú no sabrás lo que ha ocurrido en nuestro mundo mientras no estábamos. ¿Comprendes? Si te quedas en la cama hasta que yo vuelva podrás planear y sorprenderme con nuevas historias, y yo te contaré hasta el último detalle de lo que he visto, de lo que me ha ocurrido y a quién he conocido. Si siempre tengo sueño no me entero de nada. ‒bostezó Gigi.

Aquella mañana el sueño de Gigi se pegó de nuevo a ella como un chicle, como el caramelo derretido. El pegajoso sueño de Gigi se agarró a ella hasta el jardín donde bostezó por última vez antes de ir al colegio. En ese preciso momento pasó una mariposa muy cerca de su nariz, justo cuando Gigi bostezaba…y aspiró el polvo mágico que les permite volar.
Fue entonces cuando de pronto se sintió ligera, y no con la pesada carga de un sueño. Abrió los ojos completamente y pudo ver con mayor claridad todo lo que se estaba perdiendo. El mundo con su inmensa gama de colores; a sus amigos que ya casi había olvidado sus rostros, y ellos tampoco recordaban la sonrisa de Gigi, o el color de sus ojos. Pudo descubrir que cuando te sacas el sueño de encima llega la felicidad y la alegría… que no pesan nada, diría incluso que son las que te ayudan a volar… pero ese es otro cuento.

El sueño de Gigi preparó un viaje fabuloso aquella noche, que se llenó de las luces del día que trajo Gigi. Se dio cuenta que estar solo es muy bueno para pensar, y el silencio es nuestro amigo, para disfrutar de la calma y la tranquilidad… que es justo lo que necesitamos para tener buenas ideas, o mejor, para tener ideas geniales que mejoren el mundo.

Buenas noches ZZZZZZZZZZZZZ

(Y colorín colorado este cuento se ha acabado, alguien lo ha leído y alguien lo ha escuchado.)

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