Eva Violán
El señor escaparate

EL SEÑOR ESCAPARATE

El señor escaparate.

Había una vez un señor que vivía dentro de un escaparate. Cada mañana, después de levantarse y asearse, abría su escaparate y se metía dentro de él. Allí mostraba su ropa mejor combinada, su sonrisa más estudiada y en definitiva, solo lo que quería que los demás supieran de él.

Cuando tenía que ir a algún sitio, estiraba los brazos y se trasladaba con toda su caja de cristal…. El señor escaparate necesitaba más espacio y más tiempo para moverse. La gente debía apartarse para dejarle pasar al él.

Todos lo admiraban cuando lo veían porque siempre tenía las palabras mejor escogidas y su imagen la mejor que se podía tener.
Un buen día, una niña se plantó frente a su caja y le preguntó:

-¿Qué haces cuando no estás ahí dentro?

El señor escaparate extrañado le contestó:

-Pues preparo lo que voy a poner en el escaparate al día siguiente.

La niña se acercó hasta el cristal que les separaba y pegó las manos extendidas en él. -¿Eres feliz?

-Por supuesto que lo soy, todo el mundo me admira allá donde voy. ¿Niña, quieres hacerme el favor de quitar las manos de ahí?

-Pero nadie puede tocarte…-dijo la niña manteniendo sus manos apretando el cristal. -¿Qué más da?

-Nadie sabe quién eres realmente…

-Todos hacen lo mismo.

– No, yo no. Cuando me levanto por la mañana mi madre me abraza. No planeo lo que me voy a poner porque no tiene ninguna importancia. Soy feliz porque la gente que me rodea me quiere tal como soy. No tengo que arrastrar un escaparate, ni preparar diálogos aprendidos. Todos se pueden acercar a mí, y yo también a ellos. No sabes lo mucho que aprendo de los demás, de conocer sus interiores, sus almas. ¿Sabes qué te digo Señor Escaparate? Me das pena.

-Pues serás la única…¡Anda niña, fuera de aquí que no dejas que los demás puedan verme!

Ella pegó su boca al cristal y sopló pegando la lengua. Luego se dio media vuelta y se fue. El Señor Escaparate se quedó allí, maldiciendo su mala suerte porque ahora tendría que salir a limpiar el cristal por fuera.

Cuando salió respiró profundamente y el aire fresco recorrió sus pulmones. Cuando se disponía a limpiar sintió que alguien le cogía de la mano. Se giró para ver qué era eso, y vió a la misma niña que le dijo:

-¿Ves?

Y la gente que pasaba por allí aplaudió y le felicitaron:

-¡Ya era hora!

Entonces el Señor Escaparate comprendió que estaba viviendo una mentira, y había construido una imagen de sí mismo que a los demás no convencía.

Se dio cuenta de que sus esfuerzos fueron en vano mientras se estaba perdiendo una vida real. Ya ni se acordaba del día en que decidió montar ese escaparate y vivir en él.

Las babas de aquella niña impidieron que pasara el resto de su vida completamente solo.

Eva Violán

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