Eva Violán

AUTISMO Y AMISTAD

Julieta tiene un amigo que se llama Jorge. Es un niño independizado, un tanto apresurado, que con muy pocos años levó anclas para viajar a su mundo interior.

Pero en Jorge se cuela la luz cuando aparece ella. Y vuelve para dedicarle sonrisas, no sintió un abrazo más sincero de un amigo nunca. Jorge no estaba cuando la barita les tocó con el orden establecido, así que cierra los ojos cuando no le gusta algo, y se tapa los oídos para que no entre lo que no desea. Su mente sigue las propias reglas que él mismo propuso.

A ella le encanta porque la vergüenza paró a sus puertas, porque le da igual quién esté delante, porque se expresa a su antojo. Esa misma que le paraliza tantas veces, admira en Jorge esa fuerza.

Él le enseñó a seguir intentándolo. Es capaz de quererla a pesar de las burlas que le lluevan, de los motes, de los golpes. Ser uno mismo es un trabajo que lleva su tiempo, y Jorge tiene experiencia en sacudirse bien rápido los lastres. Lo adora por eso, se siente más fuerte y no capea tan bien el exterior como con él.
Jorge mira muy adentro de los demás y ella es feliz porque él no se detiene en nimiedades del aspecto, porque su espectro acude a lo que ella irradia, sin más.

Cuando la tristeza invade el corazón de la niña, el niño vuelve para preocuparse, otras veces él busca su refugio en ella también.
Es el primer invitado en la lista de cumpleaños, es el compañero con el que desea repetir curso, es el amigo que si cambiara de cole ella quisiera seguir. Tratar de entender qué fabulosa magia existe se deja para nosotros, ellos sencillamente conectaron: él abre puertas y ella derriba muros.

Jorge es el capitán del barco con el que Julieta desea viajar.

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