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”En el camino desconocido no se puede estimar el tiempo de llegada”.- Eva Violán

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Desde pequeña supe que escribir era lo que más me gustaba hacer. Crecí leyendo todo lo que me caía a las manos, y en la adolescencia, seguramente influenciada por las mil historias de misterios y reencarnaciones o por mi innata tendencia a imaginar, llegué a sospechar que en otra vida anterior fuera una dedicada escribiente metida en una biblioteca de algún castillo perdido, adoraba la caligrafía.

Pero esta vida, la de la mortal que ahora apunta, fue por otros derroteros. Escribir no tenía salidas laborales y el periodismo no me dejaba estirar el mantel de la creatividad como yo pensaba en aquel entonces. Convencida de asegurar un buen futuro me sumergí en el mundo de los negocios y en el de la maternidad. Cuando nos aconteció la crisis económica, con un oficio en sus peores momentos, cuando me hallé sola con dos niñas y sin recursos… Me pregunté aquel día qué podría hacer para salir adelante, qué sabía hacer yo para sacar a mi familia de esta situación, y la respuesta fue: Escribir.

Y me senté a escribir durante cinco meses “Sarah Bisshopp”, las dudas y las críticas más duras me las he hecho a mí misma durante el año y medio que duraron las correcciones, casi reescribí de nuevo el texto. La mujer que soy ahora le dio la mano a la joven que fui… y la experiencia de reencontrarme no sé si servirá para solucionar económicamente nada, pero supe que escribiendo soy feliz.

He podido publicar, pese al desinterés de agentes y editoriales, porque la gente que me rodea creyó en mí, porque vendí un libro que no existía y lo compraron. Moví cielo y tierra para que “Sarah Bisshopp” tuviera una oportunidad, y la tuvo.

Sigo en el camino desconocido, sin perder nunca la esperanza, porque siempre hay un jardín lleno de hadas, porque la magia no se puede impedir…

Eva Violán – Yo, Escribo.